lunes, abril 07, 2008

“Lucía Jiménez me pidió que incendiara la casa de Alex Pinedo, Aldo Atarama y Changaray" - El caso Lucía Jiménez I

Esta es la primera parte de un trabajo periodístico que se inició cuando contactamos con Ana Luisa Correa. Lo grave de la acusación central existen otras, evidentemente-, de haber sido contactada para incendiar las casas de dos magistrados y un empresario, involucrado en más de una ocasión, en casos de narcotráfico, nos hizo escucharla con cierto escepticismo. Sin embargo, al comenzar a realizar nuestro trabajo, aquello que, en un primer momento, nos sonó a desvarío o fantasía, comenzó a tener sentido, y los nombres mencionados y otros que fueron apareciendo en la investigación, comenzaron a relacionarse.Jueces, sicarios empresarios, abogados, narcotráfico. Ingredientes que garantizan el éxito adelantado de una obra de ficción, que en este caso, una vez más, es rebasada con creces, por la realidad. A continuación la primera parte del trabajo realizado.

-¿Qué es lo que tenías que hacer? -preguntamos a Ana Luisa Correa de López, 43, tan delgada que daba la impresión que, en cualquier momento, podría quebrarse como un frágil carrizo. De apariencia mucha mayor, visiblemente nerviosa, frotándose las manos de manera compulsiva, su voz sonó.
-Quemar la casa del doctor Changaray, del doctor Aldo Atarama Lonzoy y del señor Alex Pinedo.El día anterior había llovido. Estábamos, con ella, en la casa en que vive con Juan Luis, su marido, y 3 de sus 4 hijos. La casa, que habita a manera de guardiana, no cuenta con los servicios básicos de agua y energía eléctrica. El techo, por la cantidad de agujeros que presenta, no debe de servir de mucho en los días que el cielo abre sus compuertas. La miseria es evidente.Ahora, la voz de Ana Luisa, al escucharla en la grabación, ya no sólo suena nerviosa, sino, más bien, con una carga de rabia… y de miedo, aunque no lo admita.Según Ana Luisa, la conocida empresaria puneña, asentada en nuestra ciudad hace ya varias décadas, Lucía Jiménez de Deza, conocida en su reducido círculo de amigos como “La paisa”, fue quien le hizo la incendiaria proposición.Era el mes de octubre o noviembre -no lo recuerda con exactitud- del año 2006, -¿Qué es lo que tenías que hacer? -preguntamos a Ana Luisa Correa de López, 43, tan delgada que daba la impresión que, en cualquier momento, podría quebrarse como un frágil carrizo. De apariencia mucha mayor, visiblemente nerviosa, frotándose las manos de manera compulsiva, su voz sonó.-Quemar la casa del doctor Changaray, del doctor Aldo Atarama Lonzoy y del señor Alex Pinedo.El día anterior había llovido. Estábamos, con ella, en la casa en que vive con Juan Luis, su marido, y 3 de sus 4 hijos. La casa, que habita a manera de guardiana, no cuenta con los servicios básicos de agua y energía eléctrica. El techo, por la cantidad de agujeros que presenta, no debe de servir de mucho en los días que el cielo abre sus compuertas. La miseria es evidente.Ahora, la voz de Ana Luisa, al escucharla en la grabación, ya no sólo suena nerviosa, sino, más bien, con una carga de rabia… y de miedo, aunque no lo admita.Según Ana Luisa, la conocida empresaria puneña, asentada en nuestra ciudad hace ya varias décadas, Lucía Jiménez de Deza, conocida en su reducido círculo de amigos como “La paisa”, fue quien le hizo la incendiaria proposición.Era el mes de octubre o noviembre -no lo recuerda con exactitud- del año 2006, cuando, una madrugada, Lucía Jiménez, según la versión de Ana Luisa, llegó en su auto blanco al Servicentro Max, ubicado en las inmediaciones del aeropuerto Secada Vigneta, en donde su esposo, Juan Luis López Panduro, trabajaba, desde hacía un año y medio, como guardián del lugar. El Servicentro Max, en realidad es el nombre conocido de Servicentro Blanca Monsalve SRL, y, hasta la fecha es motivo de litigio entre Lucía Jiménez y la familia Herrera Monsalve. Ana Luisa dice que la invitó a ir a la ciudad. Al parecer ambas se tenían confianza. Según Ana Luisa, la empresaria puneña la conocía cuando ella visitaba su tienda y también Tiendas Quispe.
-Yo siempre compraba, vendía ropa. Toda la vida he crecido vendiendo. Compraba cadenitas, aretitos, compraba ropa, calzones, cualquier cosa… con la señora Esther Quispe había más confianza.
Un día de esos, cuenta -no puede precisar la fecha con exactitud-, Lucía Jiménez la abordó en su local comercial y le dijo:
-Mira, morena, te voy a regalar esta caja -y le dio un cajón con ropa.
-Ya pues, señora agradeció -ni corta ni perezosa. No fuera que la buena señora se fuera a desanimar. La vida, que no había sido precisamente buena con ella, algo le había enseñado: no dejar pasar oportunidades como ésa.La vida de Ana Luisa no era nada fácil. Su marido, sin mayor oficio, trabajaba en lo que podía, y los muchachos comían todos los días… al menos dos veces por día, en los buenos días. Su historia personal parecía, más bien, el guión de uno de esos melodramas del cine hindú, en los que las desgracias son interminables y parecen eternizarse hasta en el más allá. Uno de esos días se queda literalmente en la calle. Ella y su familia son desalojados del cuarto en el que vivían.Es allí cuando Roberto, un trabajador de Lucía Jiménez, le dice:
-Mira, morena, vamos a ir allá, donde la señora Lucía, para que te lleve a vivir allí, en el aeropuerto, una tremenda casona, en el aeropuerto, antes de llegar a Secada.

Y así fue.Las cosas parecían comenzar a salir bien. Un esbozo de sonrisa empezó a aparecer en su rostro. Sonrisa amarga, pero sonrisa al fin. La adversidad parecía que, al menos por el momento, haber retrocedido.Pero volvamos a la noche en la que, según la versión de Ana Luisa, Lucía Jiménez la visita en el grifo. Rumbo a la ciudad, con la confianza de quien es dueña de la situación el hambre y la pobreza suelen ser malos consejeros-, la empresaria, como tanteando el terreno le habría soltado:
-Vamos a irnos a buscar… te voy a dar plata… para quemar las casas del doctor Changaray, del doctor Aldo Atarama Lonzoy y del señor Alex Pinedo.Según Ana Luisa, “la paisa” le habría ofrecido por el trabajito nada menos que S/. 3,000.00. Tentadora propuesta, sobre todo para quien nunca en su vista ha visto tanto dinero junto, billete encima de billete.
-Yo sé que tú necesitas plata… Tu marido no gana mucho… Es sólo un pobre guardián -habría insistido para derrumbar la barrera que se había levantado entre ambas mujeres
-Ella manejaba, siempre maneja solita -responde ante nuestra curiosidad de saber si alguien más estaba con ellas esa solitaria madrugada.
Creyendo que había sido lo suficientemente persuadida, Lucía Jiménez, siempre en la versión de Ana Luisa, le hizo conocer la casa de Alex Pinedo, por la avenida La Marina.
-Te voy a hacer conocer, primerito, de ese individuo, delincuente, narcotraficante (por el señor Alex Pinedo, aclara Ana Luisa)… Esa casa primero vas a quemar -me dijo.
-Entonces -continúa su relato Ana Luisa- yo no conocía ni Transtur, no conocía ni, ni… (duda) Espera, en la avenida La Marina, frente a la clínica (Ana Sthal) está la casa del señor Alex Pinedo… Una casa bonita… … Puedes quemar estas bonitas cosas… Vas a poner y eso préndee.
-¿Poner qué cosas? preguntamos
-Parecen unas bolas, así -y nos muestra la mano, arriba la palma, los dedos crispados Unos tacachos, con unas cosas eran allí…
Sus palabras bajan de intensidad, casi no se le escucha.
-Entonces yo le dije no... No, señora, no voy a poder ir, le he dicho… Pobre moriré, así le he contestado a ella.
Lucía Jiménez, no podía creer lo que sus oídos escuchaban, que una humilde mujer pudiera oponerse a su voluntad.
-¿Qué, pues, morena? ¿Cómo me vas a hacer?... Te voy a hacer conocer la casa del doctor Changaray -habría insistido Lucía Jiménez Ana Luisa se mantuvo firme. La tentación era grande, pero no cedió.
-Señora, no puedo… Hágame volver… Yo no puedo chocar, pelear… Si tú tienes problemas, arregla solita -dijo.
-¿Por qué me tratas así? Eres una traicionera, pendeja… No me quieres hacer lo que yo te digo… Tienes para que tengas plata, ropa, casa, movilidad.

Pero Ana Luisa se mantuvo firme.
Al final, su esposo perdió su trabajo -1,400 soles le dio por un año y medio de trabajo, dice- y ella asegura que, desde hace buen tiempo, es víctima de acoso por parte de malos elementos de la policía -“están en mi tras, se adelantan en moto, me cruzan en moto, me cruzan en carro”.
Respecto a las razones por las que Lucía Jiménez habría querido incendiar las casas del vocal de la Corte Superior de Justicia de Loreto, Aldo Atarama Lonzoy, del doctor Tony Changaray Segura -ahora Fiscal en Madre de Dios- y Alex Pinedo, en la próxima entrega.

2 comentarios:

maria dijo...

Que conchuda (Judas) habia sido esta Anita CORREA ... quien comio de la mano de Lucia ... ya dice el refran "Cria cuervos y te sacaran los ojos"; ya sabia que esta mujer es capaz de venderse al diablo (narcotrafico)por dinero...

carlos martin gil casique dijo...

que tal resulto esta señora que mi persona muy bien la conoce y se de que pie cojea y tambien se que la señora lucia la paisa es incapaz de pedirte estas cosas como si fuera facil pedirlo oh hacerlo para el corazon puro de este angel de dios lo digo asi por que mi persona pudo conocerlas aestas dos personas y tambien a los demas que se los nombran y te digo que la señora es un angel